Salud mental laboral en México en 2026: ¿cómo vamos?
Fecha de la última actualización 30 jun 2026

La salud mental en uno de los indicadores más relevantes del desempeño empresarial hoy en día. Lo que le pasa a la mente de un trabajador tiene consecuencias directas en su productividad, en la calidad de sus decisiones, en su disposición a quedarse en una empresa o a buscar otra. Y sin embargo, en México —como en buena parte del mundo— sigue siendo un tema que se menciona más de lo que se atiende, que genera más conciencia que acción, y que las organizaciones reconocen como urgente sin terminar de tratar como prioritario.
Este artículo analiza a profundidad diversos para entender en dónde está paradas las empresas, qué está ocurriendo, hasta las barreras que impiden que la gente busque ayuda, pasando por la paradoja corporativa entre la alta demanda soluciones y la escasa oferta real de las empresas.
Un panorama que no es fácil de ignorar, y que le concierne tanto a quienes trabajan como a quienes dirigen equipos.

El estado real de la salud mental laboral en México [2026]
México ocupa el cuarto lugar entre los 18 países con mejor salud mental general, de acuerdo con el Mind Health Index 2026 de AXA e Ipsos, con un puntaje de 63.5 sobre 100. Solo tres países —Tailandia, Suiza y China— superan a México en este índice, y la cifra nacional se ubica por encima del promedio global de 61.8. A primera vista, parece una buena noticia.
Hilando más fino, el indicador se compone de decenas de variables, incluyendo el apoyo familiar, dimensión en la que México históricamente puntúa alto. El problema aparece cuando se analiza lo que ocurre más allá de ese promedio. Entre 2022 y 2026, el porcentaje de mexicanos en el nivel más bajo de salud mental ("struggling") asociado a angustia emocional y deterioro funcional pasó del 8% al 12%. En el mismo periodo, el porcentaje de personas en nivel óptimo ("flourishing") cayó del 31% al 26%.
Dicho de otra forma: que México esté bien posicionado en el ranking global no significa que su población esté bien. Significa que ciertos amortiguadores sociales —la familia y los vínculos comunitarios— todavía sostienen el índice general, mientras otros indicadores se deterioran. Esa distinción importa, porque puede generar una idea errónea sobre una problemática de salud mental que está ocurriendo en este momento.
Esa polarización se confirma con otro dato del propio reporte: 36% de los mexicanos se auto reporta con alguna condición de salud mental, frente a 28% en 2022. La cifra coincide con lo que documentan otras fuentes nacionales. De acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 3 de cada 10 personas en México padecerán algún trastorno mental —principalmente ansiedad o depresión— a lo largo de su vida, y el país ya supera los 3.6 millones de personas con depresión diagnosticada.
El lugar de trabajo es donde ese deterioro se vuelve más difícil de ignorar. Aunque en términos generales los mexicanos perciben su salud mental de forma relativamente favorable, esa percepción cambia de forma significativa cuando se filtra por el ámbito laboral. No por nada, solamente 54% de las personas califica su salud mental en el trabajo como positiva.
La distancia entre ambas cifras no es un dato menor; revela que el entorno laboral es donde el bienestar se erosiona con más fuerza.
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Quienes enfrentan trastornos como ansiedad, depresión o estrés crónico pueden perder hasta 23 días productivos al mes. A nivel global, la OMS calcula que cada año se pierden 12,000 millones de días de trabajo por depresión y ansiedad, una cifra que se traduce en alrededor de 1 billón de dólares en productividad perdida. Ese costo se reparte entre dos fenómenos distintos: el ausentismo (cuando la persona no puede asistir físicamente al trabajo), y el presentismo (cuando la persona asiste pero su rendimiento cae de forma significativa por falta de energía o concentración).
En México, ese desgaste tiene además una brecha generacional marcada. Mientras que los mexicanos mayores de 55 años se ubican se perciben con con alta estabilidad productiva y pérdidas mínimas de días de trabajo; los adultos jóvenes de 18 a 34 años se categorizan como "simplemente sobreviviendo": son productivos menos de 21 días al mes. De hecho, la mayoría de los estudios coincide en que los jóvenes concentran los niveles más altos de ansiedad, depresión y estrés del país.
El verdadero cuello de botella no está en quién enferma, sino en quién recibe ayuda. Según AXA e Ipsos, el 36% de los mexicanos se siente afectado por algún padecimiento de salud mental, pero solo el 21% cuenta con un diagnóstico formal. Existe una brecha de 15 puntos entre la percepción y la atención clínica. El IMSS ofrece una cifra todavía más alarmante desde otro ángulo: más del 60% de quienes padecen un trastorno mental en México no recibe ningún tratamiento.
Esa falta de atención también tiene precio para las empresas. Anabel Fuentes Calderón, fundadora de Affor Health, señala que la depresión afecta hasta a 6% de la población trabajadora y es ya la principal causa de discapacidad laboral en México, mientras que la ansiedad representa entre 20% y 30% del costo total de nómina en pérdidas de productividad para las empresas, con un impacto que alcanza los 16,000 millones de pesos anuales.
Por su parte, Maureen Terán, fundadora de la organización Es Tiempo de Hablar, explica que reconocer un problema de salud mental es, casi siempre, el obstáculo más difícil de superar. El miedo al rechazo y la discriminación retrasa diagnósticos, limita tratamientos y termina trasladando la carga emocional a las familias, y también a los equipos de trabajo que absorben ese costo en forma de ausentismo y bajo rendimiento.
En resumen: la salud mental en México, tanto a nivel laboral como personal, no se está deteriorando de forma uniforme ni visible. Se está deteriorando mientras una parte creciente de la población —y de la fuerza laboral— sigue sin nombrarla, sin diagnosticarla y sin tratarla.
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¿Cómo se ha hecho esta medición?
El Mind Health Index no clasifica a las personas por una sola pregunta, sino por un puntaje compuesto de 0 a 100 que combina tres bloques de preguntas: acciones positivas, modificadores y resultados de bienestar psicológico. Ese puntaje agregado se traduce después en cuatro categorías fijas.
Un puntaje de 74 o más se clasifica como "Flourishing" ("Prosperando"), el nivel óptimo de salud mental, con buen funcionamiento social, psicológico y emocional. Entre 61 y 74 se ubica "Getting by" ("Saliendo adelante"), personas con algunas áreas de bienestar pero sin alcanzar el nivel óptimo. Entre 46 y 61 aparece "Languishing" ("Languideciendo"), mostrando una ausencia de bienestar positivo, motivación reducida y mayor riesgo de desarrollar un problema de salud mental.
Por debajo de 46, "Struggling" ("Batallando") describe angustia emocional y deterioro funcional generalizado. Cada persona encuestada cae en una sola de estas cuatro categorías según su puntaje individual, y el reporte después calcula qué porcentaje de la población total queda en cada una.
¿Qué está causando el deterioro en la salud mental laboral?
La salud mental rara vez se deteriora por una sola razón. De acuerdo al índice de Mind Health, 75% de los mexicanos reporta que más de un factor está afectando su bienestar laboral al mismo tiempo, con un promedio de 5.4 factores simultáneos en la población general. Esa cifra sube a 5.9 entre la población trabajadora, y las mujeres identifican en promedio más factores de riesgo que los hombres (5.7 frente a 5.0).
| Factor que deteriora la salud mental1 | México | Tailandia | Brasil | EE.UU. | Corea del Sur | Reino Unido | Italia | Suiza | Alemania | Japón | Promedio global |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Inestabilidad financiera e inseguridad laboral | 53% | 62% | 56% | 46% | 53% | 45% | 48% | 42% | 36% | 42% | 51% |
| Incertidumbre sobre el futuro | 51% | 54% | 56% | 50% | 52% | 50% | 54% | 43% | 43% | 34% | 51% |
| Eventos traumáticos personales | 43% | 54% | 44% | 39% | 33% | 39% | 37% | 35% | 37% | 28% | 41% |
| Inseguridad en el vecindario o entorno | 43% | 39% | 44% | 24% | 23% | 25% | 27% | 15% | 16% | 26% | 29% |
| Exposición constante a noticias negativas | 39% | 44% | 45% | 43% | 34% | 45% | 40% | 35% | 36% | 25% | 41% |
| Estrés laboral | 36% | 44% | 36% | 29% | 34% | 27% | 25% | 31% | 24% | 33% | 32% |
| Disturbios sociales y políticos | 36% | 45% | 39% | 43% | 42% | 37% | 32% | 35% | 38% | 32% | 40% |
| Uso excesivo de redes sociales y dispositivos | 33% | 40% | 40% | 30% | 31% | 29% | 27% | 28% | 21% | 23% | 34% |
| Soledad y aislamiento social | 33% | 38% | 38% | 35% | 35% | 37% | 30% | 26% | 28% | 27% | 36% |
| Presión por cambio tecnológico (incl. IA) | 32% | 40% | 38% | 24% | 31% | 26% | 25% | 26% | 22% | 20% | 30% |
| Paternidad / retos de criar hijos | 32% | 36% | 31% | 27% | 27% | 26% | 24% | 20% | 15% | 15% | 29% |
| Cambio climático y "eco ansiedad" | 30% | 45% | 38% | 31% | 34% | 27% | 31% | 28% | 26% | 29% | 33% |
| Inestabilidad geopolítica | 27% | 34% | 32% | 33% | 22% | 30% | 32% | 34% | 32% | 20% | 33% |
| Dificultad para lograr balance vida-trabajo | 26% | 38% | 34% | 23% | 27% | 23% | 22% | 27% | 20% | 25% | 27% |
| "FOMO" impulsado por redes sociales | 24% | 34% | 25% | 21% | 18% | 21% | 18% | 16% | 15% | 16% | 23% |
1Fuente: AXA / Ipsos, Mind Health Report 2026. La tabla muestra los datos recolectados de la pregunta "¿Dirías que los siguientes factores están teniendo actualmente un impacto negativo en tu salud mental?." Los encuestados podían marcar todos los factores que aplicaran, por lo que los porcentajes representan la proporción de personas en cada país que identificó ese factor como una afectación actual a su bienestar mental (no son datos clínicos ni diagnósticos, sino percepción auto-reportada). La muestra se ponderó por género, edad, ocupación y región para que reflejara la composición demográfica real de cada país, y el margen de error con un intervalo de confianza del 95% es de aproximadamente ±3 puntos porcentuales para muestras de 1,000 personas.
La incertidumbre financiera encabezan la lista
La inestabilidad financiera y la inseguridad laboral son, por mucho margen, el factor que más mexicanos identifican como dañino para su salud mental. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) del INEGI, dos de cada tres mexicanos padecieron estrés financiero en un nivel alto o moderado en en los últimos tres años.
Ese malestar se manifestó en quejas físicas como dolor de cabeza, gastritis y cambios en la presión arterial, así como en problemas de sueño y alimentación. La incertidumbre sobre el futuro en un mundo que cambia rápido refuerza ese mismo malestar. Juntos, ambos factores forman el núcleo financiero que más pesa sobre el bienestar emocional del país.
Erika Villavicencio Ayub, investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que el estrés financiero surge cuando una persona se siente amenazada o en dificultad para atender gastos, y que la combinación de bajos salarios e inestabilidad laboral termina generando baja autoestima, desconfianza y una acumulación de síntomas que deterioran tanto la salud física como la mental.
Ese peso se siente con más fuerza entre quienes trabajan. la inestabilidad financiera escala a 52% en la población trabajadora mexicana, prácticamente empatada con el estrés laboral y la incertidumbre sobre el futuro, lo que sugiere que tener empleo no necesariamente blinda a las personas de la presión económica, sobre todo cuando los ingresos no alcanzan a compensar el costo de vida.
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El estrés en los lugares de trabajo está deteriorando la salud mental laboral
Entre la población trabajadora, 62% reporta niveles de estrés moderados a severos en su vida profesional, una cifra que coloca al país en el tercer lugar mundial.
Entonces, cómo puede ser posible que México aparezca entre los países con mejor salud mental, pero al mismo tiempo sea de los más estresados. La explicación no está en una contradicción del estudio, sino en que ambas cifras miden cosas distintas. Por un lado, el índice general combina decenas de variables —incluyendo redes de apoyo familiar, hábitos saludables y bienestar psicológico—, mientras que el estrés laboral es una sola pregunta enfocada exclusivamente en el ámbito profesional.
México sostiene su índice general gracias a comportamientos de afrontamiento particularmente altos. Por ejemplo, el 83% de los mexicanos contacta regularmente a su familia, cifra que superan al promedio europeo y, en varios casos, al promedio global. Esa red de apoyo ha logrado amortiguar, al menos por ahora, el peso del estrés laboral sobre el bienestar general.
Pero la tendencia sugiere que ese soporte tiene un límite. Uno de las causas por las que año, con año la percepción de salud mental ha disminuido es justo porque los niveles de estrés laboral siguen creciendo.
Los mexicanos están utilizando IA para mejorar su salud mental, pero parece que está teniendo el efecto contrario
México es uno de los países qué más está adoptando herramientas de inteligencia artificial en su entorno laboral y personal, pero esto no necesariamente está generando los resultados esperados. Por ejemplo, el 32% de los mexicanos identifica la presión por mantenerse al día con el ritmo del cambio tecnológico, incluyendo el avance de la IA, como un factor que afecta su salud mental, cifra que sube a 35% entre la población trabajadora.
Al mismo tiempo, 71% de los mexicanos ya usa IA para temas de salud mental, una de las tasas más altas del mundo, y 40% confía más en estas herramientas que en un profesional de la salud. Sin embargo, ese uso no siempre ayuda: 47% reporta estar insatisfecho con los consejos que recibe, y 29% afirma que alguna recomendación de IA lo llevó a un comportamiento dañino.
A esto se suma un fenómeno cada vez más documentado, conocido como "AI brain fry" o "síndrome del cerebro frito". Es decir, el desgaste mental que produce usar y supervisar constantemente estas herramientas, desde dar instrucciones hasta verificar y corregir sus resultados. Estudios recientes han encontrado que usar dos herramientas de IA mejora la productividad, pero usar tres o más empieza a reducirla, y que revisar lo que produce la IA puede ser más cansado que hacer la tarea uno mismo.
Ese desgaste pega más fuerte entre los más jóvenes: 25% de los mexicanos de 18 a 24 años prefiere recurrir a la IA antes que buscar ayuda profesional, más del doble que el promedio general (11%). El reto para las empresas ya no es si adoptar inteligencia artificial, sino cómo hacerlo sin agotar mentalmente a sus equipos en el proceso.
Un fenómeno global, con una combinación particular en México
El deterioro de la salud mental relacionado con el entorno laboral no es un fenómeno exclusivo de México, es una tendencia que organismos internacionales llevan años documentando.
La Organización Mundial de la Salud advierte que el lugar de trabajo puede amplificar problemas generales que ya afectan la salud mental, incluyendo la discriminación y la desigualdad por raza, sexo, identidad de género, orientación sexual, discapacidad, origen social, condición migrante, religión o edad. Por su parte, el desempleo, la inseguridad laboral y financiera, y la pérdida reciente de un empleo se cuentan entre los riesgos más documentados a nivel global.
En ese sentido, lo que viven los trabajadores mexicanos forma parte de un patrón mucho más amplio que atraviesa economías desarrolladas y emergentes por igual.
Lo que cambia entre países no es necesariamente la lista de factores de riesgo, sino su intensidad y su combinación. Al comparar a México con el promedio global y con economías como Estados Unidos, aparecen brechas notables en factores que en otros países pesan menos: la inseguridad en el entorno afecta a 43% de los mexicanos frente a apenas 24% de los estadounidenses, y la presión por el ritmo del cambio tecnológico, golpea a 32% de los mexicanos frente a 24% en Estados Unidos.
Esa combinación específica —inestabilidad financiera alta, inseguridad del entorno por encima del promedio mundial y una presión tecnológica creciente que apenas empieza a manifestarse en otros mercados— ayuda a explicar por qué México llega a niveles tan altos en la escala clínica DASS-9, con 27% de la población en niveles severos o extremos de depresión, ansiedad o estrés, la cifra más alta de toda la serie histórica del reporte.
No es que México enfrente amenazas que otros países no conocen. Es que enfrenta varias de ellas, simultáneamente y con mayor intensidad, en un momento en el que la fuerza laboral todavía no termina de adaptarse a ninguna.
Las personas no están buscando ayuda...¿por qué?
Saber que algo no está bien no siempre se traduce en buscar ayuda, y los números de México lo confirman con claridad. Solamente 45% de los mexicanos visitó algún profesional de salud mental en el último año. La brecha es notable si se considera que 36% de la población percibe tener alguna condición de salud mental, lo que significa que una parte considerable de quienes la padecen simplemente no llega a recibir atención.
| Razón por la que las personas no buscan ayuda profesional2 | % |
|---|---|
| El costo de las consultas y tratamientos médicos | 50% |
| Restricciones de tiempo / dificultad para tomarse tiempo del trabajo u otras responsabilidades | 35% |
| Creencia de que no amerita atención médica | 18% |
| Acceso limitado a profesionales de la salud | 17% |
| Miedo a ser estigmatizado o juzgado negativamente | 13% |
| Preferencia por herramientas de IA, como ChatGPT u otros bots | 11% |
| Percepción de que buscar ayuda médica es inútil y no llevará a ninguna mejora | 10% |
| Experiencias previas negativas con proveedores de salud que no funcionaron | 9% |
| Preocupación de que el empleador o colegas se enteren del problema (afectando su carrera)* | 6% |
| Preferencia por automedicarse con remedios de venta libre o terapias alternativas | 5% |
2Fuente: AXA / Ipsos, Mind Health Report 2026.
En conjunto, los mexicanos identifican en promedio 1.8 razones distintas para no buscar ayuda, lo que sugiere que rara vez es una sola barrera la que detiene a alguien.
Detrás de estas cifras hay un componente cultural que distintas voces del país coinciden en señalar: el estigma sigue funcionando como un filtro previo a cualquier barrera económica o de acceso.
A diferencia de problemas que afectan al cuerpo, los cuales inician de forma automática sus propios procesos de sanación ante una enfermedad o un accidente, la mente no se cura sola, y sin embargo la salud mental sigue siendo un tema del que no se habla lo suficiente.
La desconfianza en las instituciones tampoco ayuda. Solo 42% de los mexicanos considera que el sistema de salud público brinda apoyo oportuno a personas con condiciones de salud mental, una cifra que ha caído de forma sostenida desde 44% en 2022. La confianza en la red más cercana —amigos y familia— también retrocede, de 79% en 2022 a 67% en 2026, lo que apunta a un deterioro que no solo afecta al sistema formal de salud, sino también a las redes informales de apoyo que tradicionalmente han funcionado como primer filtro.
El resultado es un círculo que se retroalimenta. Cuanto más tarda una persona en buscar ayuda, mayor es el riesgo de que su condición se agrave, y cuanto más se agrava, más factores —económicos, de tiempo, de estigma— se acumulan para seguir posponiendo esa decisión. El reporte no ofrece una salida fácil a ese círculo, pero sí deja claro que la barrera más grande no es la falta de conciencia sobre el problema, sino la distancia entre reconocerlo y actuar frente a él.
¿Hay poco apoyo por parte de las empresas?
Si hay un dato que debería llamar la atención de cualquier área de Recursos Humanos en México, es este: solo 41% de los trabajadores mexicanos dice que su empresa ofrece algún programa de salud mental o bienestar, y 49% afirma que no ofrece absolutamente ninguna política al respecto. El 10% restante simplemente no sabe si existe o no.
Es decir, casi la mitad de la fuerza laboral del país trabaja sin saber que tiene, o sin tener, ningún tipo de respaldo institucional frente a este tema.
Lo paradójico es que del lado de los empleados, la disposición por tener una mejor salud mental y un bienestar mental más integral va en aumento. El 95% de los trabajadores mexicanos participaría en programas de bienestar mental si su empresa los ofreciera, la cifra más alta de los 18 países evaluados por el reporte de AXA. Entre oferta (41%) y demanda potencial (95%) hay una brecha de 54 puntos, probablemente el hallazgo más accionable de todo el estudio para el sector empresarial.
Esa disposición no es genérica, se sostiene programa por programa. Los Programas de Asistencia al Empleado —que incluyen terapia virtual y cursos de meditación— concentran la mayor intención de uso, con 83% definitivamente o probablemente dispuesto a utilizarlos. Le siguen las sesiones de meditación o yoga presenciales y online (81%), las clases de ejercicio subsidiadas (78%), el acceso a enfermería o terapeutas en el lugar de trabajo (76%) y los webinars de concientización (76%).
En los cinco casos, México supera por márgenes de entre 15 y 20 puntos el promedio global, lo que confirma que la disposición no depende del tipo específico de programa, sino de que exista alguno.
El silencio dentro de la oficina agrava la problemática. El 36% de los trabajadores mexicanos no hablaría de sus problemas de salud mental en su entorno laboral, y la razón principal es que lo consideran un asunto privado (41%), seguida de la duda de que la empresa realmente pueda ofrecer ayuda útil (34%).
El dato más delicado aparece entre quienes ya tienen un diagnóstico formal: ahí, el miedo a que hablar del tema tenga repercusiones en su carrera o estabilidad laboral sube a 31%, casi el doble que el promedio general de 19%.
El mensaje para las empresas mexicanas no podría ser más directo. No hace falta convencer a los colaboradores de que usen estos programas, prácticamente todos están dispuestos a hacerlo; lo que falta es que las empresas los ofrezcan, y que generen la confianza suficiente para que hablar del tema no se sienta como un riesgo profesional. La demanda ya existe. La oferta, todavía no.

La terapia, el autocuidado y el mindfulness están dejando de ser opcionales
De acuerdo connuestro reporte sobre el Panorama del Bienestar en las Empresas 2026, 68% de la generación Z y 59% de los millennials consideran que la terapia o el asesoramiento psicológico es extremadamente o muy importante para su bienestar general (sobre todo tomando en cuenta que son los que afirman sufrir de mayores niveles de burnout). Incluso grupos generacionales como la generación X (35%) y los baby boomers (33%) también le están prestando atención a estos temas.
El problema es que valorar la terapia no siempre se traduce en poder acceder a ella. Nuestros estudios han encontrado que el 53% de los trabajadores considera la terapia muy o extremadamente importante para su bienestar, pero solo 46% recurre a ella actualmente, ya sea en sesiones presenciales (16%), asesoramiento en línea (15%), terapia de grupo (9%) o, cada vez más, a través de chatbots basados en inteligencia artificial (6%). Más de la mitad de los trabajadores sigue sin ningún tipo de apoyo profesional, y aunque el costo ha dejado de ser la barrera abrumadora que era hace un año —cayó de 36% a 23%—, todavía impide que una de cada cuatro personas busque ayuda.
El mindfulness sigue un patrón parecido entre intención y práctica real. El 57% de los trabajadores considera el mindfulness muy o extremadamente importante para su bienestar, pero solo 22% lo practica a diario, y la proporción que lo practica al menos una vez por semana cayó de 88% a 62% en apenas un año. El ritmo del trabajo moderno, las reuniones consecutivas y las distracciones digitales están desplazando justo las prácticas que más ayudan a sostener la salud emocional en el día a día.
Para el nuevo talento, esto no es un tema menor de cultura corporativa, es una condición de permanencia. Los empleados más jóvenes son los primeros en marcharse cuando una organización no atiende su bienestar de forma genuina, lo que convierte el acceso a terapia, autocuidado y mindfulness en un factor que ya pesa tanto en la retención de talento como en la salud mental misma de los equipos.
Complementa tu lectura con: ¿Qué tipo de programa de bienestar laboral quieren las distintas generaciones? y Cómo apoyar a una fuerza laboral multigeneracional
Transforma tu empresa con un enfoque integral de Bienestar Laboral
México ocupa las primeras posiciones entre los países con mejor salud mental percibida del mundo y, al mismo tiempo, figura entre los más estresados laboralmente. A nivel global, el panorama tampoco es alentador: solo el 54% de las personas califica su salud mental como buena o próspera, mientras una proporción creciente describe vivir en una lucha constante contra el estrés, la ansiedad y la falta de descanso.
El contraste es revelador. México se percibe bien posicionado en el índice general, pero en el espacio donde las personas pasan la mayor parte de su día —el trabajo— los puntos de oportunidad siguen siendo evidentes. No es casualidad: las personas quieren cuidarse, pero las empresas no están ofreciendo el apoyo necesario.
El estigma y el tabú siguen presentes. Una parte creciente de la población no quiere visibilizar su situación, no la diagnostica y no la trata. Quienes sí buscan apoyo no siempre logran acceder a él. El problema está cada vez menos en el nivel de conciencia sobre el tema y más en la capacidad real de resolverlo, tanto a nivel personal como dentro de las organizaciones.
Las consecuencias llegan a las empresas. Las bajas laborales por salud mental en México subieron del 19% al 28% en tres años. El estrés laboral le cuesta a las organizaciones miles de millones de pesos en productividad perdida. Y la inteligencia artificial, que muchos adoptan como sustituto de la ayuda profesional que no encuentran, empieza a mostrar sus propios riesgos antes de terminar de demostrar sus beneficios.
La pregunta que deja este reporte no es si México tiene una crisis de salud mental: los datos ya la confirman desde distintos ángulos y distintas fuentes. La pregunta es qué tan dispuestas están las empresas, las instituciones y la sociedad mexicana a cerrar la brecha entre lo que la gente necesita y lo que hoy está recibiendo, antes de que la polarización que ya se observa en el índice se convierta en la norma.

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