Qué es la procrastinación vengativa del sueño y cómo afecta a tu equipo
Última actualización 16 oct 2026

Son las doce y veinte de un martes. La cena terminó tarde, como casi siempre; los platos ya están en el lavavajillas y el despertador, puesto a las siete.
Hace media hora que bastaría con apagar la luz. En lugar de eso, el pulgar sigue bajando: un vídeo sobre cómo tener más ordenado el dormitorio, ideas para vacacionar en verano, la foto de boda de un antiguo compañero de clase. Nada de eso importa. Por eso mismo engancha: es lo primero en todo el día que nadie ha pedido.
La factura llega puntual a la mañana siguiente: el tercer café antes de las once, el correo que hay que leer dos veces, la paciencia algo más corta en la reunión de equipo. Y esa misma noche, a la misma hora, la escena se repite.
«El español se acuesta tarde porque tiene luz hasta tarde», resume Darío Acuña, catedrático emérito de Fisiología de la Universidad de Granada, en Euronews. El reloj, sin embargo, no explica por qué tanta gente que podría irse a dormir decide no hacerlo. Para eso hay una expresión (importada de China).
¿Qué es la procrastinación vengativa del sueño?
La procrastinación vengativa del sueño (revenge bedtime procrastination, en inglés) consiste en retrasar la hora de acostarse, sin que nada obligue a ello. El fin es recuperar un rato de tiempo propio que la jornada no ha dejado. No es insomnio: quien la practica tiene sueño y podría dormir. Sencillamente, elige no hacerlo todavía.
El fenómeno tiene dos autores. El académico es la científica conductual Floor Kroese, que en 2014 definió junto a sus colegas la «procrastinación a la hora de dormir» en la revista Frontiers in Psychology. Ahí explicó el hábito de irse a la cama más tarde de lo previsto sin que haya circunstancias externas que lo justifiquen.
El concepto también surgió en China, donde se acuñó bàofùxìng áoyè (報復性熬夜), algo así como «trasnochar por venganza», para describir a trabajadores con jornadas interminables que se resarcían de madrugada. La periodista Daphne K. Lee lo popularizó en inglés en un tuit de junio de 2020, en pleno confinamiento, y la expresión dio la vuelta al mundo.
La palabra «venganza» es exagerada, pero precisa. Nadie se venga de su jefe a las dos de la madrugada. Se venga, en todo caso, de su propia rutina.
Por qué ocurre: la noche como único tiempo propio
Cuando los investigadores preguntan a la gente por qué duerme poco, la respuesta más habitual no es el insomnio, sino la autonomía. Después del trabajo, el trayecto, la cena y las obligaciones de casa, la noche es el primer momento del día que se siente propio. Y se estira, aunque el precio llegue a la mañana siguiente.
Oliver Serrano León, director del Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea, añade una segunda capa. Siguiendo a los psicólogos Fuschia Sirois y Timothy Pychyl, que describen la procrastinación como una forma de reparar el estado de ánimo a corto plazo, Serrano sostiene que acostarse implica aceptar que el día termina y que el siguiente está cerca.
Para algunos, dormir no se vive como descanso, sino como rendición. De ahí un círculo difícil de romper: día saturado, necesidad de compensación, sueño retrasado, peor descanso, más agotamiento y, a la noche siguiente, más necesidad de compensación. Lo que parece autocuidado acaba siendo autosabotaje.
La jornada laboral no ayuda a acortarla. Según el Work Trend Index 2025, citado en nuestro informe Panorama del bienestar en las empresas 2027, los mensajes fuera del horario laboral aumentaron un 15 % en un año, hasta una media de 58, y las reuniones después de las ocho de la tarde crecieron un 16 %.
Cuanto más se alarga el día de trabajo, más tarde empieza el día propio.
El coste no es solo anecdótico. Un metaanálisis de 43 estudios dirigido por Vanessa Hill, investigadora de la Universidad Central de Queensland, y publicado en 2022, asoció este hábito con menos horas de sueño, peor calidad de descanso y más cansancio durante el día.
El móvil también es el cómplice habitual. El porcentaje de trabajadores que menciona el tiempo frente a las pantallas como algo que perjudica su descanso ha pasado del 26 % al 30 % en dos años, según nuestros datos. Antes del móvil ya existían la televisión y los libros, pero, como apunta Serrano, el teléfono combina recompensa inmediata, variedad infinita y ausencia de punto final. Una serie termina; el scroll, no.
Aunque hacer scrolling en la cama parece falta de disciplina, en realidad es el único acto del día que ningún colega o jefe ha reservado.

España, terreno abonado
España reúne casi todas las condiciones para que el fenómeno prospere: horarios tardíos, jornadas partidas en muchos sectores y cenas que rara vez empiezan antes de las nueve. Los datos lo confirman. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), solo el 56 % de los adultos duerme lo suficiente para tener un descanso saludable, y la mitad asegura que su sueño no es realmente reparador. Entre los jóvenes, más del 60 % reconoce renunciar a horas de sueño para dedicarlas a otras actividades.
Hay un matiz interesante. De acuerdo con la información que recopilamos, solo el 26 % de los trabajadores españoles señala las pantallas como un problema para dormir (por debajo del 30 % global). Puede que los españoles usen menos el móvil por la noche, o puede que simplemente lo culpen menos. Lo que sí podemos estar seguros es que en España el problema no es tanto el aparato, como lo es el horario en el que se usa.
Sueño: el único pilar del bienestar que empeora
Tras encuestar a más de 5 mil trabajadores en diez países, encontramos que el sueño es el pilar del bienestar laboral con la puntuación más baja y el único que retrocede. De hecho, solo el 35 % califica su descanso como saludable o muy saludable, frente al 38 % del año anterior. Mientras tanto, la percepción sobre el estado físico lleva tres años mejorando.
Los mismos equipos que hacen más ejercicio, también están duermiendo peor. El esfuerzo no es el problema. El tiempo para descansar llega al final del día, y el día no deja de alargarse.
El 69 % de los trabajadores duerme menos de siete horas, el mínimo que recomiendan la National Sleep Foundation y la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño para que un adulto recupere por completo sus capacidades físicas y cognitivas. Un equipo que duerme mal no solo está cansado. Recuerda peor, controla peor sus impulsos y decide peor, que es precisamente lo que se le pide en el trabajo.
¿Cómo reconocer los síntomas?
No toda noche larga es procrastinación vengativa del sueño. Quien se queda despierto para terminar un informe tiene un problema de carga de trabajo. Quien da vueltas en la cama sin poder dormirse, puede padecer de insomnio. La procrastinación vengativa del sueño es otra cosa, y se reconoce porque reúne cuatro rasgos a la vez:
- Hay intención de dormir antes. La persona tenía una hora en mente y la sobrepasa. No es que no tenga sueño; es que lo aplaza.
- Nada externo lo impide. No hay un bebé que despertará, un turno de noche ni una entrega pendiente. La única razón para seguir despierto es querer seguir despierto.
- Se hace a sabiendas. Quien trasnocha sabe que mañana lo pagará, y aun así sigue. Es lo que la separa de un simple despiste con el reloj.
- El objetivo es recuperar algo. Lo que se busca no es el vídeo ni la serie, sino la sensación de que, por fin, nadie decide por uno. Este es el rasgo que justifica la palabra «vengativa».
Los tres primeros son los criterios que usan los investigadores para hablar de procrastinación del sueño, según recoge la Sleep Foundation. El cuarto es el que añade la versión popular del término.
¿Qué pueden hacer las empresas?
Nadie puede obligar a un empleado a acostarse antes, y sería una mala idea intentarlo. Lo que sí puede hacer una empresa es reducir los motivos por los que la noche se ha convertido en el único tiempo propio. Como concluye Serrano, quizá la intervención más importante sea «dejar de colocar todo el descanso, todo el placer y toda la vida personal al final del día».
- Proteger el final de la jornada. La ley española ya reconoce el derecho a la desconexión digital. Convertirlo en práctica significa algo concreto: no programar reuniones a última hora de la tarde y no esperar respuesta a mensajes enviados de noche.
- Devolver tiempo propio durante el día. El informe lo plantea con lógica: si una persona tiene un rato para sí a mediodía, necesita menos robárselo al sueño. La terapeuta Dana Romero lo llama crear pequeños «espacios de autonomía»: una pausa real para comer, un paseo sin destino o la libertad de elegir el orden de las tareas. La flexibilidad horaria cuenta más que cualquier charla sobre higiene del sueño.
- No convertir el sueño en otro indicador. Pedir datos del reloj inteligente o premiar las horas dormidas añade presión a lo único que debería quitarla.
- Mirar la carga, no solo los hábitos. Si la noche se estira porque el día no da para más, el problema es de estrés laboral, no de fuerza de voluntad. Y el cansancio acumulado es una de las antesalas del burnout.
También ayuda ofrecer apoyo que encaje en la vida real. Según el informe, los empleados con acceso a Wellhub tienen casi el doble de probabilidades de reportar un sueño saludable que quienes cuentan con otro programa (55 % frente a 28 %). Un programa de bienestar corporativo que integra actividad física, salud mental, nutrición y sueño no alarga el día. Pero puede hacer que una parte de él vuelva a sentirse propia.

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