63% de mexicanos no desconecta en vacaciones ¿qué está pasando?
Fecha de la última actualización 12 may 2026

En México, tomar vacaciones no siempre significan descanso. Para muchas personas trabajadoras, los días libres se han convertido en una extensión de la agenda cotidiana: hacer trámites, limpiar la casa, atender pendientes familiares, ir al médico, acompañar a los hijos a actividades escolares o resolver todo aquello que la jornada laboral no permite atender durante la semana.
El problema no es menor. Las vacaciones son un derecho laboral pensado para recuperar energía física y mental, reducir los niveles estrés y permitir que las personas se desconecten del trabajo por unos días. Sin embargo, cuando ese tiempo se usa para cubrir deudas domésticas, familiares o administrativas, el cuerpo y la mente no logran recuperarse. En consecuencia, el descanso deja de cumplir su función más importante: proteger la salud mental ysostener el bienestar integral.
Desde la reforma de “vacaciones dignas”, los trabajadores mexicanos tienen derecho a 12 días de vacaciones al cumplir su primer año de servicio, el doble de los seis días que recibían antes. Pero tener más días disponibles no garantiza que esos días se usen para descansar. La forma en que está organizado el trabajo, las largas jornadas, los traslados, la hiperconexión digital y la falta de tiempo personal siguen empujando a muchas personas a utilizar sus vacaciones para resolver pendientes acumulados.

Cuando las vacaciones se utilizan para todo, menos para descansar
La realidad de muchos colaboradores mexicanos es que el tiempo no alcanza.
Entre el empleo remunerado, los traslados, el trabajo doméstico, los cuidados familiares y las responsabilidades personales, el descanso suele quedar al final de la lista. De acuerdo con la OCDE, los trabajadores en México tienen apenas 13.5 horas al día para dormir, realizar actividades de autocuidado y tener ocio, frente a un promedio de 15 horas entre los países miembros del organismo.
Esa diferencia ayuda a explicar por qué las vacaciones se convierten, en muchos casos, en el único espacio disponible para resolver pendientes. De hecho, hay personas que planean sus días libres no para descansar, sino para hacer pagos, realizar estudios médicos postergados, limpiar profundamente la casa, atender juntas escolares o cumplir tareas familiares que no lograron hacer durante los días laborales.
El 63% de los colaboradores en México asegura que sigue atendiendo responsabilidades laborales durante sus periodos de descanso. Las actividades más comunes son responder mensajes de trabajo por canales informales, como WhatsApp o llamadas telefónicas, con 84%, y revisar el correo electrónico, con 45%.
Datos recopilados por Buk
Esto no significa que las personas no valoren el descanso. Significa que su vida cotidiana está organizada de tal forma que descansar compite con una lista permanente de obligaciones. Como explica Jorge Mérida, vicepresidente de Salud Mental en el Trabajo del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo, cuando las vacaciones se usan para resolver pendientes y no para descansar, esto evidencia imperfecciones en la forma en que entendemos y organizamos el trabajo.
El uso del tiempo confirma esta presión. Según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo, los mexicanos invierten apenas 4.3 horas a la semana para descansar. Además, la población destina 49% de su tiempo semanal al trabajo remunerado, mientras que el resto también se ocupa en trabajo no pagado, como actividades domésticas, cuidados o producción para autoconsumo.
La falta de tiempo también afecta otras dimensiones del bienestar. En 2025, 44.5% de los adultos mayores a 18 años realizó actividad física en su tiempo libre, pero entre quienes no lo hicieron, 32.2% señaló la falta de tiempo por trabajo o estudio y el cansancio como la principal razón para abandonar o nunca haber realizado ejercicio.
Esto muestra que el problema del descanso no se limita a las vacaciones. Es parte de una dinámica más amplia: el trabajo absorbe tanto tiempo y energía que las personas dejan de moverse, duermen menos, postergan su salud y reservan sus días libres para ponerse al corriente con la vida.
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Los riesgos de no tomarse el tiempo para descansar y recuperarse
No descansar adecuadamente tiene consecuencias directas en el bienestar físico, mental y emocional. El estrés sostenido no desaparece por sí solo; si el cuerpo no encuentra espacios reales para bajar la tensión, ese desgaste puede manifestarse en agotamiento, irritabilidad, dolores de cabeza, malestares estomacales y, con el tiempo, en enfermedades de mayor gravedad.
Especialistas advierten que la falta de recuperación puede relacionarse con problemas cardíacos, circulatorios, diabetes, accidentes cerebrovasculares y otros padecimientos crónicos.
El riesgo aumenta cuando las vacaciones no permiten cortar con el ciclo de estrés. Resolver pendientes puede dar una sensación momentánea de productividad o alivio, pero no necesariamente equivale a descansar. Hacer trámites, limpiar, cuidar, organizar o atender asuntos familiares sigue siendo trabajo (aunque no sea remunerado). Si los días libres se llenan de tareas, la mente continúa operando en "modo obligación".
La falta de descanso también impacta las relaciones personales. Cuando una persona está agotada, su capacidad de convivir, escuchar y conectar con otros disminuye. Por ejemplo, tomar vacaciones para descansar puede generar mayor irritabilidad y afectar la calidad de la convivencia familiar y social.
El sueño es otra señal crítica. De acuerdo con el informe de Wellhub, citado por El Economista, 71% de los trabajadores duerme menos de las siete horas recomendadas. En promedio, los colaboradores duermen 6 horas y 21 minutos, y sólo 32% considera que su sueño es saludable o muy saludable.
Aunque 86% de los trabajadores afirma que dormir bien es muy importante o extremadamente importante para su salud, pocos logran hacerlo de manera consistente. El estrés y la ansiedad son los principales obstáculos: afectan al 53% de los colaboradores y se asocian con problemas para dormir.
Dormir mal no sólo genera cansancio. También reduce la productividad, aumenta el riesgo de errores y puede comprometer la seguridad en el trabajo. Un colaborador somnoliento reacciona más lento, toma peores decisiones y está más expuesto a accidentes. Además, la falta de sueño se relaciona con hipertensión, ataques al corazón, infartos cerebrales, diabetes, obesidad, inmunodeficiencias, problemas de bienestar emocional, deterioro cognitivo e incluso demencia.
Para las empresas, esto también representa un desafío estratégico. El descanso insuficiente puede traducirse en ausentismo, mayor gasto médico, menor productividad, errores operativos y pérdida de compromiso. En otras palabras, cuando una organización no protege el descanso de sus colaboradores, también compromete su propio desempeño.
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¿Los mexicanos no tomamos vacaciones?
El asunto no solo parece estar en que las personas utilizan sus días de vacaciones para realizar tareas pendientes, sino que los datos muestran que muchos trabajadores siguen sin tomar todos los días que les corresponden.
De acuerdo con algunos datos, los colaboradores en México toman en promedio cuatro días hábiles de vacaciones al año. Esto contrasta con la reforma laboral de 2023, que elevó el mínimo legal de vacaciones de 6 a 12 días anuales desde el primer año de trabajo. Esto quiere decir que en la práctica, muchas personas siguen usando apenas una parte de su descanso disponible.
Además, el uso de vacaciones en México tiende a concentrarse en ciertos momentos del calendario, sobre todo en fechas de Semana Santa y la primera semana de enero.. En ambos periodos, alrededor de 6% de los colaboradores activos tomó vacaciones, mientras que durante una semana promedio del año sólo cerca de 3% se encuentra de vacaciones.
Estos datos muestran que las vacaciones todavía no se integran de manera natural y distribuida en la gestión del trabajo. En muchas empresas, el descanso parece depender de temporadas culturalmente aceptadas, más que de una planeación continua orientada al bienestar, la recuperación y la sostenibilidad del desempeño.
El impacto también se refleja en indicadores de experiencia laboral. Los colaboradores que toman más días de vacaciones tienden a reportar mayor felicidad en su empresa. Mientras tanto, sólo 57% de quienes no tomaron vacaciones dice sentirse feliz muchas veces o siempre; cifra que aumenta a 86% entre quienes tomaron 16 días o más al año. Es decir, hay una diferencia de 29 puntos porcentuales entre ambos grupos.
Para Recursos Humanos, esta información convierte el uso de vacaciones en un indicador estratégico. Si los equipos toman pocos días, concentran sus descansos en las mismas semanas o acumulan saldos sin utilizarlos, la organización podría estar frente a señales de sobrecarga, baja planeación, dependencia excesiva de ciertas personas o una cultura que todavía asocia compromiso con presencia continua.
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Por eso, promover que los colaboradores tomen vacaciones no debe verse sólo como cumplimiento legal. También es una forma de fortalecer la experiencia del empleado, prevenir desgaste y construir una cultura donde el descanso sea compatible con el alto desempeño.
Cuando una política de vacaciones se ejerce de manera efectiva, deja de ser un beneficio subutilizado y se convierten en una herramienta concreta para cuidar el bienestar integral y la permanencia del talento.

Colaboradores/as más felices, empresas más productivas
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*Basado en la encuesta sobre el ROI del bienestar 2024 realizada a más de 2000 líderes de RR. HH. en 9 países.
¿Cómo promover una verdadera desconexión en tus colaboradores?
Para que las vacaciones cumplan su propósito, la desconexión no puede depender únicamente de la voluntad individual del colaborador. Aunque cada persona puede adoptar hábitos para descansar mejor, las empresas tienen un papel decisivo en crear las condiciones para que ese descanso sea posible. En otras palabras, no basta con otorgar días libres: también es necesario protegerlos.
En un entorno laboral marcado por la hiperconectividad, muchos trabajadores siguen pendientes del correo, los chats internos o los mensajes de WhatsApp durante sus vacaciones. Esta disponibilidad constante impide que la mente salga del modo trabajo y limita la recuperación física, emocional y mental. Por eso, promover una verdadera desconexión debe ser una responsabilidad compartida entre líderes, equipos y áreas de Recursos Humanos.

Establece reglas claras de desconexión
El primer paso es definir una política clara sobre la comunicación durante vacaciones. Tus colaboradores deben saber que no se espera que respondan correos, mensajes o llamadas mientras están en su periodo de descanso, salvo en situaciones realmente excepcionales.
Esto requiere acuerdos visibles y consistentes: activar respuestas automáticas, definir contactos alternos, evitar mensajes fuera de horario y respetar los canales establecidos. Cuando la organización comunica con claridad que las vacaciones son un espacio protegido, reduce la culpa y la ansiedad que muchas personas sienten al desconectarse.
¿Sabías que la desconexión digital ya es un derecho en México? Lee nuestra guía completa al respecto
Capacita a los líderes para respetar el descanso
La desconexión sólo funciona si los líderes la modelan y la respetan. Si un jefe escribe durante las vacaciones, aunque diga “no es urgente”, el colaborador puede sentir presión para responder. Por eso, los mandos medios y directivos deben recibir orientación sobre cómo planificar ausencias, distribuir cargas de trabajo y evitar interrupciones innecesarias.
También es importante que los líderes promuevan el descanso con el ejemplo. Tomar vacaciones, desconectarse realmente y evitar glorificar la disponibilidad permanente ayuda a construir una cultura más saludable y sostenible.
Planifica las cargas de trabajo antes y después de las vacaciones
Muchas personas no descansan porque salen de vacaciones con la preocupación de dejar pendientes o de regresar a una carga excesiva. Para evitarlo, la empresa debe fomentar una planeación anticipada: priorizar tareas, definir responsables temporales y documentar proyectos clave antes de la salida del colaborador.
El regreso también debe cuidarse. Evitar reuniones críticas el primer día, permitir una reincorporación gradual y priorizar pendientes ayuda a que el descanso no se pierda en las primeras horas de vuelta al trabajo.
Fomenta vacaciones de calidad, no sólo días libres
Como ya mencionamos, tomar vacaciones no siempre significa descansar. Muchas personas están utilizando sus días libres para todo, menos descansar. Aunque estas actividades pueden ser necesarias, no sustituyen la recuperación.
Recursos Humanos puede impulsar campañas internas que ayuden a los colaboradores a entender la importancia del descanso real: dormir mejor, realizar actividad física, pasar tiempo con seres queridos, reducir el uso de pantallas y dedicar momentos a actividades que generen calma. El mensaje central debe ser claro: descansar no es improductivo, es una condición para cuidar la salud y sostener el desempeño.
Reduce la cultura de urgencia permanente
Una verdadera desconexión también exige revisar cómo trabaja la organización durante el resto del año. Si todo es urgente, nadie puede descansar tranquilo. Las empresas necesitan distinguir entre lo importante y lo inmediato, mejorar la planeación y evitar que la falta de organización se convierta en presión constante para los equipos.
Reducir la cultura de urgencia implica fortalecer procesos, documentar información, distribuir responsabilidades y evitar que el conocimiento dependa de una sola persona. Así, cuando alguien toma vacaciones, el equipo puede operar sin invadir su descanso.
Mide y mejora la experiencia de descanso
Finalmente, las áreas de Recursos Humanos pueden medir si las vacaciones realmente están funcionando como una herramienta de bienestar. Algunas preguntas útiles son: ¿los colaboradores logran desconectarse durante sus días libres?, ¿reciben mensajes de trabajo mientras descansan?, ¿vuelven con energía o con más cansancio?, ¿sus líderes respetan los periodos de ausencia?
Escuchar estas respuestas permite identificar áreas de mejora y diseñar acciones concretas. El objetivo no es sólo cumplir con la ley, sino construir una cultura donde el descanso sea posible, respetado y valorado como parte del bienestar integral.
Descansar también es cuidar el bienestar integral
Cuando las vacaciones se usan únicamente para resolver pendientes, el descanso queda incompleto. La persona puede volver al trabajo con la casa más ordenada, los trámites hechos o las responsabilidades familiares atendidas, pero no necesariamente con más energía, claridad mental o salud emocional.
La realidad de los trabajadores mexicanos muestra una tensión profunda entre el derecho al descanso y la falta de tiempo en la vida cotidiana. Las jornadas largas, el cansancio, el trabajo no remunerado, la hiperconexión y la deuda de sueño hacen que muchas personas vivan en recuperación pendiente. Y cuando el descanso se posterga demasiado, el cuerpo pasa factura.
Para las empresas, cuidar el bienestar laboral significa entender que la salud de los colaboradores no se construye sólo con beneficios aislados, sino con condiciones reales para descansar, dormir, moverse, desconectarse y recuperar energía. Las vacaciones deben ser parte de esa estrategia.
Promover una cultura donde las personas puedan tomar sus días libres sin culpa, sin interrupciones y sin miedo a volver a una carga inmanejable es una decisión de negocio y de humanidad. Porque un colaborador que descansa bien no sólo se siente mejor: piensa mejor, convive mejor, trabaja mejor y tiene más recursos para sostener su salud en el largo plazo.
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