Estrés laboral en Chile 2026: Causas, riesgos y soluciones
Fecha de la última actualización 23 dic 2025

En los últimos años, el estrés laboral dejó de ser un problema individual para convertirse en una crisis estructural del trabajo en Chile. Hoy, el agotamiento, el burnout y la salud mental deteriorada atraviesan todos los sectores, cargos y niveles jerárquicos, con efectos directos en la productividad, la retención de talento y la sostenibilidad de las organizaciones.
Las cifras son contundentes. Distintos estudios muestran que entre 8 y 9 de cada 10 trabajadores en Chile presentarán síntomas de estrés laboral en 2026, posicionando al país entre los más afectados de América Latina. El mensaje para las empresas es claro: el estrés laboral no va a desaparecer por sí solo y seguirá profundizándose si no se aborda de manera preventiva y estratégica.

El estrés laboral ya es una crisis estructural en Chile
El agotamiento laboral se ha instalado como una constante en la experiencia de las personas trabajadoras. El estudio de Laborum encontró que casi el 89% de los trabajadores chilenos declara sentirse estresado o agotado por su trabajo, manteniendo niveles similares a los registrados en años anteriores, cuando las cifras alcanzaron hasta el 92%.
A esto se suma que 53% de los trabajadores chilenos presenta estrés laboral, superando tanto el promedio latinoamericano (44 %) como el promedio global (41 %). Estos datos confirman que Chile se encuentra de manera sistemática por sobre la media regional, consolidando el estrés laboral como un problema estructural más que coyuntural.
Altos niveles de estrés, desmotivación y burnout
El impacto del estrés se refleja directamente en la vivencia diaria de los trabajadores. 71% declara haberse sentido desmotivado, mientras que 70% afirma vivir con estrés constante durante el año y 40 % reporta agotamiento laboral extremo. Además, 34 % reconoce una baja en su productividad, asociada directamente al desgaste emocional, y el mismo porcentaje señala que no logra desconectarse del trabajo fuera del horario laboral, lo que evidencia estrés crónico y dificultades de recuperación.
Lo alarmante es que, aunque la mitad de los especialistas en RR.HH. afirma haber recibido reportes de los empleados con respecto a problemas de estrés, casi el 80% confesó no haber tomado ninguna medida en concreto.
El impacto en la salud y el descanso
El estrés laboral en Chile tiene consecuencias claras sobre la salud física y mental: 6 de cada 10 trabajadores afirma dormir menos de 7 horas diarias y 87% ha perdido horas de sueño debido a preocupaciones y tensión laboral. En la misma línea, 53% identifica el estrés y la ansiedad como los principales factores que afectan la calidad de su sueño.
Este deterioro se refleja también en el sistema de salud: más del 30% de las licencias médicas en Chile está asociado a problemas de salud mental.
Hábitos poco saludables asociados al estrés
El desgaste laboral no se queda solo en lo emocional. El 57% de las personas que se sienten agobiadas reconoce automedicarse, 68 % consume snacks de manera frecuente, mientras que el 60% considera que su salud está igual o peor que hace un año. Estos comportamientos refuerzan un círculo vicioso donde el estrés impacta la salud y la mala salud incrementa el estrés.
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¿A quiénes afecta más el estrés laboral en Chile?
Diferencias por género
Las brechas de género son especialmente relevantes. El 57 % de las mujeres declara sentirse estresada o agobiada, frente a 32 % de los hombres. Además, 69 % de las mujeres ha perdido horas de sueño por preocupaciones laborales, versus 51 % de los hombres. La automedicación también es más frecuente en mujeres (54%) que en hombres (30 %), lo que evidencia una carga desigual del estrés laboral.
Las generaciones más jóvenes son las que más sufren de estrés laboral
Si bien el estrés laboral afecta a personas de todas las edades, nuestro informe sobre el Panorama del Bienestar en las Empresas muestra que las generaciones más jóvenes están soportando una carga emocional significativamente mayor. Lejos de tratarse de un problema homogéneo, el impacto del estrés se manifiesta de manera distinta según la etapa vital y profesional.

Nuestros datos indican que los millennials y la generación Z son quienes reportan los mayores aumentos en sus niveles de estrés laboral. En concreto, 56% de los millennials y 55% de la generación Z afirma que su estrés aumentó durante el último año, cifras que superan la media global y evidencian una presión creciente en las primeras etapas de la vida laboral.
Este fenómeno se explica, en parte, porque los trabajadores más jóvenes suelen encontrarse en etapas formativas de sus carreras, con menores márgenes de autonomía, altas expectativas de desempeño y una fuerte incertidumbre sobre su desarrollo profesional. El reporte advierte que, además del estrés general, son estos grupos etarios los que experimentan síntomas de burnout con mayor frecuencia, incluso varias veces por semana en muchos casos.
A nivel de bienestar emocional, el estudio muestra que no existe una generación claramente más resiliente que otra. Cuando se analiza el bienestar emocional autoevaluado, las diferencias entre grupos etarios son menores de lo esperado: 55% de la generación Z y 58% de los baby boomers califican su bienestar emocional como bueno o excelente, mientras que millennials y generación X presentan resultados muy similares entre sí. Esto sugiere que el estrés laboral es un problema transversal, aunque se expresa con mayor intensidad en los trabajadores más jóvenes.
Otro hallazgo relevante es la relación entre edad, estrés y hábitos digitales. El reporte muestra que la sobrecarga digital afecta con mayor fuerza a las generaciones más jóvenes: 33% de la generación Z y 29 % de los millennials reconoce un uso compulsivo de contenidos digitales, frente a 20% de la generación X y solo 15% de los baby boomers. Este patrón está estrechamente ligado a mayores dificultades para desconectarse del trabajo, peor calidad del sueño y mayores niveles de fatiga mental.
En paralelo, el informe revela un cambio generacional en la relación con el bienestar y la salud mental. 68% de la generación Z y 59% de los millennials considera que la terapia o el acompañamiento psicológico es muy o extremadamente importante, cifras muy superiores a las de la generación X (45%) y los baby boomers (33%). Esto indica una mayor conciencia del impacto del estrés, pero también una expectativa más alta hacia las empresas en términos de apoyo real y accesible.
¿Qué está causando el estrés laboral en Chile?
El estrés laboral dentro del mercado laboral chileno no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores estructurales y culturales que se repiten en distintos sectores.
Sobrecarga laboral y presión constante
La sobrecarga laboral es uno de los detonantes más frecuentes del estrés laboral en Chile. De hecho, el 36% de los trabajadores declara vivir bajo presión permanente, mientras que 15% identifica directamente la sobrecarga de trabajo como la principal causa de su agotamiento.
En el contexto chileno, esta sobrecarga suele estar asociada a equipos reducidos, metas exigentes y una lógica de “hacer más con menos”, especialmente en periodos de ajuste económico. La presión no solo se expresa en la cantidad de tareas, sino también en plazos ajustados, objetivos poco realistas y evaluación constante del desempeño, lo que reduce las posibilidades de recuperación física y mental. Este escenario favorece el desgaste crónico y explica por qué 40 % de los trabajadores reporta agotamiento extremo.
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Falta de claridad en roles y responsabilidades
Otro factor clave es la ambigüedad en los roles laborales, mencionada por 22% de los trabajadores chilenos como causa directa de su estrés. Esta falta de claridad genera incertidumbre respecto de qué se espera de cada persona, cómo se evalúa su desempeño y cuáles son sus responsabilidades reales.
En muchas organizaciones chilenas, especialmente en contextos de crecimiento acelerado o reestructuración, los cargos tienden a volverse multifuncionales, sin una redefinición formal de funciones. Esto obliga a asumir tareas adicionales, duplicar esfuerzos y convivir con correcciones constantes, lo que incrementa la frustración y el desgaste emocional. La consecuencia es una sensación persistente de estar “siempre en falta”, incluso cuando el esfuerzo es alto.
Trato inadecuado y liderazgo poco empático
El liderazgo cumple un rol central en la experiencia del estrés laboral. En Chile, 22% de los trabajadores atribuye su agotamiento al mal trato por parte de superiores, según cifras difundidas. Este mal trato no siempre se manifiesta de forma explícita, sino que puede expresarse en exigencias poco realistas, comunicación deficiente, falta de reconocimiento o escasa empatía frente a las cargas personales y emocionales.
En una cultura laboral donde el rendimiento sigue primando por sobre el bienestar, estos estilos de liderazgo tienden a normalizarse. Sin embargo, los datos muestran que su impacto es profundo: deterioran el clima laboral, aumentan la sensación de presión constante y reducen la motivación. No es casual que 71% de los trabajadores declare sentirse desmotivado, un fenómeno estrechamente ligado a la calidad del liderazgo.
Desalineación entre valores personales y empresa
El estrés laboral en Chile también está vinculado a una crisis de sentido en el trabajo. El estudio Better Work 2024 indica que 37% de los trabajadores siente que sus valores personales no están alineados con el propósito de la empresa.
Esta desconexión genera desmotivación, cinismo y una sensación de desgaste emocional constante. En un contexto donde las personas esperan mayor coherencia ética, preocupación por el bienestar y compromiso social, trabajar en organizaciones cuyos valores no se perciben auténticos aumenta el estrés y disminuye el compromiso. Este factor ayuda a explicar por qué el burnout no solo afecta el rendimiento, sino también la intención de permanencia y la rotación de talento.
Dificultad para desconectarse del trabajo y estrés crónico
Otro elemento central del contexto chileno es la incapacidad de desconectarse del trabajo, incluso fuera del horario laboral. 34% de los trabajadores reconoce no lograr desconectarse, y 87 % ha perdido horas de sueño debido a preocupaciones laborales, según datos de Mutual de Seguridad y Laborum.
La hiperconectividad, la expectativa de disponibilidad permanente y la difusa frontera entre trabajo y vida personal refuerzan un estado de alerta constante. Esto impide una recuperación adecuada y transforma el estrés ocasional en estrés crónico, con impactos directos en el sueño, la salud mental y la productividad. No es casual que 6 de cada 10 trabajadores duerma menos de 7 horas diarias y que más del 30 % de las licencias médicas esté asociado a problemas de salud mental.
Cultura de normalización del desgaste y bajo abordaje preventivo
Finalmente, una causa transversal del estrés laboral en Chile es la normalización del desgaste laboral. Pese a que 9 de cada 10 trabajadores declara síntomas de estrés o burnout, 78% de las empresas reconoce no haber tomado acciones concretas, y 86% admite no contar con estrategias preventivas claras.
Esta brecha entre la magnitud del problema y la respuesta organizacional refuerza la idea de que el estrés es “parte del trabajo”. En consecuencia, muchas personas optan por callar, automedicarse (57 %) o seguir funcionando en un estado de agotamiento permanente. Sin un enfoque preventivo y estructural, el estrés se consolida como una condición crónica que afecta tanto a las personas como al desempeño de las organizaciones.
Bienestar laboral: El cuidado de los colaboradores reduce los niveles de estrés
Los datos de nuestro reporte sobre el ROI del Bienestar refuerzan que invertir en bienestar no es solo una decisión ética, sino también estratégica. Las organizaciones que implementan programas integrales y sostenidos de bienestar muestran resultados claros: 91% logra reducir sus gastos médicos y 99% reporta mejoras en la productividad.
En el contexto chileno, donde el estrés laboral se ha consolidado como una crisis estructural, estos resultados son especialmente relevantes. Abordar el bienestar de forma preventiva y estratégica no solo reduce el desgaste emocional, sino que mejora el desempeño, fortalece el compromiso y aumenta la sostenibilidad del negocio.
En síntesis, cuando el bienestar no se integra al corazón de la cultura organizacional, el estrés se vuelve crónico y costoso. En cambio, cuando las empresas alinean discurso, acciones y experiencia real de las personas, el bienestar deja de ser un gasto y se convierte en una inversión con retorno tangible, tanto para las personas como para la organización.
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